
Hay veces que no hay mejor solución para un momento en el que uno tiene la moral baja que una tarde con amigas. Una de esas tardes que empiezan con una merienda tonta y terminan con risas, recuerdos, planes futuros y demás.
Porque alguna ya empieza a ejercer de anfitriona(por cierto estupenda) en su casita. Porque a pesar de que los años pasan vamos adecuandonos a las nuevas situaciones y sabemos ir avanzando al mismo ritmo y sabiendo comprendernos.
Porque cuando nos encontramos todas de nuevo, aunque haya pasado más de un mes desde la última vez, tenemos millones de cosas que contarnos y comentar. Porque ¡seguimos pisandonos al hablar!
Porque da igual donde estemos. Hemos vivido momentos inolvidables y sólo por eso me siento satisfecha. Las cuatro sabemos que con sólo descolgar el teléfono habrá una reunión rápida si alguna lo necesita(a pesar de nuestras apretadísimas agendas...jeje). Y porque nuestra unión ya es indestructible.
Porque el grupo va aumentando con novios(y futuros maridos!), pero no les quedará otra que aguantarnos, porque somos así de auténticas.
Porque hay gente que crece que con nosotros y mis majas han estado en mi vida prácticamente desde siempre. ¿Y qué haría yo sin ellas? Es que sin ellas no sería yo.
Chicas ya sabeis...como los mosqueteros...Una para todas y todas para una...
Porque hay cosas que una espera que no cambien jamás