
Adoro ser un niña cuando estoy mal y dejarme mimar como cuando tenía cinco años. También cuando me vuelvo loca con mis amigas y somos capaces de ir cantando por la calle una canción de Disney a todo pulmón.
Pero por encima de todo, me gusta ser niña, porque eso me hace tener mil ilusiones, proyectos y deseos y tener la convicción de que todos y cada uno de ellos se hará realidad.